28 ago. 2012

Te necesito para ser feliz.

Aquí estoy, lo creas o no. En el mismo lugar donde nuestros labios decidieron tocarse por última vez, para que con el tiempo, tuviéramos un bonito recuerdo de aquella triste pero apasionada despedida. La playa que tantas veces ha sido testigo de nuestros caricias y abrazos, de tardes bañadas de "te quieros" interminables. La misma que presenció nuestra primera cita, nuestro primer beso y las primeras miradas llenas de pasión. Un sólo lugar y tantos sentimientos completamente distintos, la primera, y la última cita. Aún recuerdo el ataque de risa que me entró cuando te declaraste, tú creías que me estaba riendo de ti, pero confesé, pese a mi timidez, que me reía porque en aquel preciso momento me sentía la persona más feliz del mundo. Han pasado tan rápido estos últimos meses a tu lado... Toda una vida esperando a que llegara alguien como tú, y ahora que me había acostumbrado a ser tu mitad, te vas. Y no precisamente porque quieras irte, pero esta maldita crisis nos está arruinando a todos, y antes de que te quedes sin nada, prefiero que tus padres vayan a trabajar fuera. A cada minuto que pasa echo más de menos tus besos, esos tan dulces y suaves. También añoro tu risa, el sonido de tu voz pronunciando cualquier estupidez solo para verme sonreír. Me angustio al pensar que no puedo tenerte aquí, y mi cabeza no para de repetirme momentos en aquella playa de ensueño, y yo, víctima de la tortura, rompo a llorar como una estúpida. Pero me es imposible ser feliz sin la persona que complementa mi vida de la mejor manera posible. Porque tú me habías enseñado a ser yo, a ser la persona que siempre quise ser, a fin de cuentas, habías conseguido algo que nadie antes lo había hecho tan bien: hacerme feliz.

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